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lunes, 26 de diciembre de 2016

El paper y la economía del conocimiento

(Con autorización del autor. Publicado originalmente en La Razón, 12 de junio de 2016)

Guillermo Hurtado, Dr. en Filosofía 
e investigador del Instituto de 
Investigaciones Filosóficas de la 
UNAM, con publicaciones a nivel 
nacional e internacional.
El conocimiento tiene un valor y, por lo mismo, un sitio en la economía de mercado global. Cuando una empresa privada o una agencia gubernamental invierten en educación superior o en investigación científica tienen la expectativa de recibir eventualmente un rendimiento por su inversión. Esperan ingresar recursos por colegiaturas, regalías, venta de patentes, desarrollos tecnológicos, etcétera.

A menos de que tomemos en cuenta la dimensión económica de la producción científica, no entenderemos el funcionamiento de las universidades, las agencias públicas de investigación, las editoriales y las revistas académicas.

En un artículo anterior (La dictadura del paper, La Razón, 4 de junio de 2016) me opuse a la imposición del paper (es decir, del artículo académico) en las humanidades. Mi propósito aquí es ofrecer una rápida explicación estructural de porqué el paper se ha convertido en el género privilegiado de la ciencia contemporánea.

Hay por lo menos cinco características del sistema global de la economía del conocimiento que han colocado al artículo académico como el modelo estandarizado para la transmisión de resultados:

La expansión de la investigación científica.
La velocidad con la que avanza la ciencia.
La creciente especialización de sus prácticas.
Su internacionalización.
La exigencia de evaluación a la que se someten sus resultados.

Cada vez hay más científicos y cada vez son más productivos. Publica o perecerás, se les dice a los jóvenes que entran al mercado de trabajo con su tesis de doctorado bajo el brazo. La enorme cantidad de resultados tiene que darse a conocer de una manera eficiente y que deje satisfechos a los académicos y a sus empleadores. Para ello se requiere un medio que permita que los frutos de la investigación científica sean compartidos de manera sencilla, veloz y rigurosa. El sitio elegido para ese intercambio son las revistas científicas, que cada vez son más especializadas. Como se puede advertir en dichas publicaciones, el idioma inglés se ha convertido en la lengua franca del trabajo científico. Esto se debe, entre otras razones, a que ahora los grupos de investigación están conformados por científicos de muchos países. Por otra parte, si algo caracteriza al conocimiento en el siglo XXI es que no tiene reconocimiento académico si no ha pasado antes por un proceso ciego de evaluación por pares. El proceso de evaluación requiere que los candidatos presenten sus productos de acuerdo con un estándar común. Los resultados deben darse a conocer en un mismo formato para que la comparación sea más eficiente y más objetiva.


Si tomamos en cuenta lo anterior, podemos entender por qué el paper se ha convertido en el vehículo epistémico privilegiado por la economía del conocimiento: se trata del medio que mejor satisface los requisitos de expansión, velocidad, especialización, internacionalización y evaluación.

Permítaseme ahora una analogía algo grosera. En el siglo anterior, la producción industrial de líquidos comestibles, como la leche o los jugos de frutas, creció a niveles nunca antes imaginados. Los empresarios se dieron cuenta de que los envases tradicionales (como las botellas de vidrio) ya no eran adecuados para la escala del mercado. Había que encontrar un nuevo tipo de envase que tuviera una estructura geométrica sencilla, preservara las cualidades del producto, se almacenara con facilidad y se transportara con rapidez. Fue así que se inventó el tetrapack. Mi opinión es que el paper es como el tetrapack de la ciencia: el medio elegido por el sistema económico vigente para la trasmisión eficiente del conocimiento.

Así son hoy las cosas. Pregunto: ¿así es como queremos que sean? Contesto desde mi campo de estudio sin pretender que lo que sostengo valga para otras disciplinas. Mi respuesta es que los filósofos no podemos aceptar que se nos obligue a envasar todas nuestras reflexiones en el equivalente a los tetrapacks.

La filosofía no puede estar sometida a las reglas de la economía del conocimiento porque ello socava su pretensión de someter al conocimiento en todas sus dimensiones a una crítica. El problema es que la filosofía ha sido incorporada a ese voraz sistema económico por haberse transformado en una disciplina profesional. El reto que enfrentamos los filósofos es cómo permanecer en ese sistema sin renunciar a la libertad que nos exige nuestra forma de pensar y de vivir.



Twitter: @Hurtado2710


Este artículo es segundo del auto
r de una serie de tres sobre este tema:
puedes leer el primero aquí---> La dictadura del paper
puedes leer el tercero aquí---> La escritura filosófica

Puedes leer otros artículos de opinión filosófica aquí---> Columna

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