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domingo, 4 de diciembre de 2016

Amamantar en público, del pudor y del erotismo

   Por Erik Quintanar / @ErikQuintanar

El erotismo está en la intencionalidad. Hay quienes consideran que un acto de amamantamiento es un acto de amor, ternura y/o simple alimentación, desprovisto de cualquier indicio de erotismo que muchos otros, a quienes llaman enfermos, ven. 

Hay otros que al mirar a una mujer amamantando no pueden evitar pensar eróticamente. De entre éstos algunos se excitan libremente (o descaradamente), algunos incluso llegando a ser irrespetuosos y cínicos, y otros condenan el hecho exigiendo censura para que no se amamante públicamente. Incluso hay quienes consideran los senos femeninos lascivos por naturaleza, obscenos, por cuánto que el pudor "manda" la discreción, de ahí que se prohíba mostrar los pezones femeninos y no así los masculinos, aunque se vean igual. El pudor ajeno demanda ser respetado, quizá injustificadamente. 






Cosa más abstracta es el pudor que en su nombre se suelen justificar conductas represoras y violentas, a pesar de no ser capaz de lograr el consenso. Tan subjetivo pero tan imperativo es el pudor. 

El deseo sexual es espontáneo y no precisa de la correspondencia intencional para despertarse, pero es igualmente natural que éste dependa de la respuesta de la contraparte sexual para continuar y convertirse en erotismo hasta consumarse la relación sexual. Ahí en donde se insiste hasta consumar el acto sin tener correspondencia hay violación, o, cuando menos, si no se llega a consumar, falta de respeto. El ser humano es quizá el único ser capaz de obsesionarse con el deseo a modo de insistir aún cuando no hay respuesta y por métodos que lejos de procurarla la niegan. Parece que el ego se erige como tirano por encima incluso de los instintos básicos, impeliendo al sujeto a satisfacer sus deseos a toda cosa cuando ese ego está lastimado y pauperizado. 

Sin embargo, resulta quizá desproporcionado tildar de enfermo a quién siente gusto y deseo sexual al mirar a una madre amamantando (hay incluso madres que sienten erotismo al amamantar), aunque lo natural sería que ese deseo no progrese, porque no se trata de un acto de intencionalidad erótica mutua. La primera impresión de la desnudez de los pechos habría de devenir en comprensión del fenómeno contemplado, que es la alimentación de una criatura indefensa. La madre solo está amamantando. Si ese deseo progresa hasta manifestarse efectivamente en forma de erotismo, en el escenario que sea, ya sea frente a la madre, en una conversación de amigos, en un chat público, fuera de la auto-intimidad, quizá podamos hablar de un desorden que le impide la continencia al sujeto o una conducta viciosa y voluntaria que atenta contra la armonía grupal. 

Aunque, quizá antes de llamar desequilibrado o vicioso a alguien tengamos que ponderar adecuadamente el papel de las hormonas y notar que en esto en mucho manda la testosterona, que lo mismo comete atropellos que impulsa la generación de la vida y la satisfacción de los sexos, y en donde cada individuo es diferente, cada macho, cada hembra, cada hombre y cada mujer. Sin divorciarnos de nuestra base natural precipitadamente, es preciso evolucionar hacia el respeto, el autodominio y el desarrollo de la consciencia para una convivencia armónica.

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