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lunes, 14 de noviembre de 2016

Nicolás Alvarado y la libertad de expresión

(Orginal del 02 de septiembre de 2016)


Foto tomada de internet
Hay personas que quizá justificadamente se preguntan y reprochan el porqué reclamamos libertad de expresión, pero censuramos la opinión de Nicolás Alvarado (esa que emitió sobre Juanga, en relación a sus lentejuelas) No es una inquietud simplona ni evidente, creo que requiere desmenuzarse.

Respecto de ello, considero que depende de la posición en que te encuentres o el lugar que ocupes en la sociedad. La libertad de expresión es un bien fundamental de la democracia y de nuestra sociedad que no debe ser coartado, pero lo es en la medida en que la democracia es condición del respeto a la igualdad de todos para que nadie esté por encima de nadie sin una justificación racional y el libre consentimiento de cada uno hasta donde esto sea posible.

Todo ello quiere decir que cualquier opinión contraria a la igualdad, que sea autoritaria, clasista, sexista, discriminatoria, se puede respetar solo en la medida en que no se convierta en opinión de Estado, como un derecho ciudadano frente al Estado o en violencia de unos ciudadanos sobre otros. Es decir, que desde la burocracia, desde la función pública, desde el aparato estatal no se puede defender ninguna opinión de estas características, no porque estemos en contra de la libertad de expresión, sino justamente porque estas opiniones son contrarias a la igualdad, fuente de la libertad de expresión. Se puede tolerar en ciudadanos o en periodistas, pero no en funcionarios.

Las posturas clasistas, autoritarias, discriminatorias, son contradictorias en sí mismas, no se puede reclamar libertad de expresión basados en argumentos de igualdad para reclamar derecho de superioridad, ese tipo de libertad se ejerce desde el poder y no desde la razón. Son opresoras cuando las emite un ente público.

Yo no censuro la libertad de expresión, por el contrario, la defiendo, y desde su papel de periodista lo hubiera defendido contra la censura estatal, a pesar de tener opiniones que a mi juicio son deleznables. Pero no solo era periodista, era un funcionario, y no se puede escudar en su disfraz de periodista o su calidad de ciudadano. Quizá no deberían correr a alguien por eso, para no cometer censura, pero nosotros como ciudadanos sí debemos exigir su renuncia, y qué bueno que entendió y renunció.

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